La Voz de Ica

25.Nov.2017

Ultima actualizacion07:27:20 PM GMT

La Mujer del Leñador

  • PDF

En el Folden, había un joven muy pobre que vivía en una casita en medio de un gran bosque. Se llamaba Gundar Elgrim y se ganaba la vida recogiendo leña de la montaña para venderla en la ciudad.

Una mañana, tras vender toda la leña y comprar sus alimentos, regresaba a casa, cuando a mitad del camino oyó los chirridos de un pájaro que había caído en una trampa. Sin pensarlo dos veces ayudó al ave a escapar.

Ya en casa y frente al fuego de la chimenea, escuchó que alguien llamaba a la puerta. Gundar, quien no estaba acostumbrado a recibir visitas, se preguntaba "¿Quién podría ser?". Pero su sorpresa fue mayor al abrir la puerta: ante él se encontraba una hermosa joven tiritando de frío. Inmediatamente la hizo entrar. Sin embargo se hacía de noche y nevaba muy fuerte

¿Dejarías que me quede a dormir esta noche? - le dijo ella.
Me gustaría. Pero soy pobre y no tengo mucho para darte.
No será problema. - contestó.
Entonces, puedes quedarte.

A la mañana siguiente, continuaba nevando, por lo que él consideró no dejarla ir hasta que cesara la tormenta. Fue motivo para que ambos entablaran una bonita amistad y posteriormente, dejar que el amor fluya en sus jóvenes corazones. Así pues, Anja y Gundar se casaron en primavera y ambos trabajaron juntos y eran felices.

Un día, Anja le pidió a su marido que le comprara hilos de seda de colores. Iba a tejer. Gundar así lo hizo y al entregarle los hilos, Anja se encerró en una habitación junto a un telar y le advirtió que no entrase mientras ella trabajaba.

Al cabo de tres días y sin parar de trabajar, salió de la habitación y le enseñó a Gundar el tejido que había hecho. Quedó maravillado. Era un tejido fino y delicado que combinaba colores y tonalidades de una forma increíble. Parecía imposible que unas manos fuesen capaces de crear un tejido de tal belleza.

¡Qué tejido tan bonito! ¡Es una maravilla! - exclamó
Podrías venderlo en la ciudad y sacarías mucho dinero. - le dijo Anja

El rey, al ver ese tejido, quiso comprarlo de inmediato, dándole mucho dinero a Gundar, quien, al regresar a casa muy contento y después de agradecerle a su esposa, le dijo que el rey quería más de ese tejido.

Ella consintió y tardó otros tres días en tejer, sin comer ni dormir. Estaba muy débil cuando salió de la habitación.

Ya lo he acabado pero es la última vez que lo hago.
Sí. - dijo Gundar. - No quiero que enfermes de tanto trabajar.

Gundar llevó el tejido al rey quién le pagó muy bien, sin embargo éste le dijo que necesitaría más para el vestido de la princesa. Pero al oír que aquella era la última pieza que le podía vender, el rey le amenazó con degollarle si no le vendía más tejido. Gundar tuvo que ceder.

En casa, le explicó lo ocurrido a Anja, quien aceptó el encargo y se metió en la habitación a tejer como las otras veces. Pero al pasar los días y al ver que Anja no salía de la habitación. Gundar se preocupó mucho, ya que ella estaba débil y como no podía entrar en la habitación, cada día se inquietaba más, hasta que no pudo resistirlo y entró en la habitación. Entonces vio una cosa sorprendente: un precioso pájaro que tejía con sus propias alas. El pájaro al verle se transformó en Anja y acongojada le dijo:

Yo soy el pájaro que un día ayudaste a salir de la trampa. - sollozó. - Pero ahora que me has descubierto, tendré que marcharme -

Y habiendo terminado de hablar, se transformó otra vez en ave y salió volando por la ventana.
Gundar empezó a gritar llorando:

- Espera, vuelve por favor, vuelve!!!!!!
Pero el pájaro siguió alejándose emitiendo tristes chirridos.

Y así, mi palabra, fue rodando como piedra en torrente. He narrado para la memoria de la buena gente.
http://leyendasyfantasia.blogspot.com