La Voz de Ica

24.Nov.2017

Ultima actualizacion07:27:20 PM GMT

La urgencia del cambio

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La mayoría se queja de la terrible situación en que se vive. Exteriorizamos nuestro estado de ánimo frente a la pasividad sino permisividad de nuestras autoridades frente al acumulo de la basura en las calles y en el lecho del rio, pero hacemos poco o nada por practicar o enseñar a la población que la basura no se arroja en los lugares públicos, aunque fuese alguna cáscara de fruta o una simple envoltura de chocolate. Pedimos que se hagan más obras, más postas médicas, más calles y veredas y seguimos siendo un país evasor de nuestros impuestos o algunos se refugian en la informalidad para no tributar.

Algunos se quedan afónicos denunciando la inseguridad ciudadana y se critica a las instituciones policiales o a los gobiernos locales, pero son permisivos cuando se da alguna coima para pasar por alto alguna falta de tránsito o acelerar algún trámite burocrático que les interesa. Algunos piden que se linche a los ladrones, otros piden pena de muerte para los violadores, pero los que deben asistir a las reuniones de coordinación que se realizan desde las bases o en coordinación con la Policía para sumarse a la solución de los problemas, no asisten y todo queda en nada. Hemos hecho parte de nuestro léxico consentidor la frase "no importa que robe, pero que haga obras" para permitir que ciertos alcaldes y autoridades "obtengan" dinero y valores producto de las coimas y encima padecemos amnesia cuando éstos mismos se vuelven a presentar sin vergüenza para su re-reelección electoral.

Nos quejamos de los regidores, de los alcaldes, de los consejeros y presidentes de los gobiernos regionales y los tratamos de incapaces porque no nos resuelven los problemas de la basura, la contaminación ambiental, el caos vehicular, las sucias y rebosantes lagunas de oxidación o los antihigiénicos botaderos para los desechos ciudadanos.

Toda esta caótica descripción de una ciudad que crece desordenadamente, sería mejor manejada, mejor administrada si desarrollásemos el sentimiento de solidaridad, de la unión ante los buenos principios, de demostrar con los hechos y compromisos cuanto queremos a nuestra tierra y cuanto estaríamos dispuestos a hacer por ella. Ya no deberíamos quejarnos de las malas autoridades de siempre sino reconocerlas para cuando reaparezcan con nuevas camisetas y llamativos colores no nos vuelvan a engañar.

La propuesta debería ser que ningún político, pasado o reciente, pueda ser elegido nuevamente como autoridad. Debemos de abrir espacios y oportunidades a mentes nuevas, a personas íntegras, a profesionales probos que son necesarios ante la triste situación que nos ocurre. Debemos de dejar de quejarnos y hacer más, decir menos y obrar más. De ser autores de esa historia nueva que urge reescribir para que podamos sentirnos felices como comunidad. Nos urge un cambio, con más compromiso y más acción.