La Voz de Ica

25.Nov.2017

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Las Monedas

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"Por todo el reino, se corrió la noticia de tan peculiar personaje, que a diario iban gentes de los alrededores a la plaza, tan sólo para buscarle y tomarle por tonto."

En la lejana ciudad de Caster Illios, todos los días, Davor Behzad, se recorría toda la plaza pidiéndole limosna a la gente, sin embargo había quienes encontraban divertido hacerle escoger entre dos monedas, una de mucho más valor que la otra. Davor escogía siempre la de menor valor, por lo que le tomaban por tonto, despertando las carcajadas y burlas de quienes le rodeaban.

Por todo el reino, se corrió la noticia de tan peculiar personaje, que a diario iban gentes de los alrededores a la plaza, tan sólo para buscarle y tomarle por tonto. Siempre la misma historia: Le mostraban las dos monedas y Davor sin pensárselo mucho, escogía la de menor denominación.

Un día, se encontraba caminando por la plaza un hombre justo quien se sentó sobre una banca, a darle de comer a las palomas, cuando escuchó repentinamente la historia de Davor, así que, con mucha indignación, decidió ir en su búsqueda y al cabo de dos horas, le encontró, rodeado de gente, escogiendo como siempre la moneda de menor valor, entre las risas y burlas de los presentes.

Así que se le acercó y lo llamó a un lado para conversar:
- He escuchado historias de cómo la gente se burla de ti. He tenido que buscarte para dar fe de ello. - dijo.
- ¿Y qué se le ofrece a mi señor? - respondió con mucha humildad. - ¿Qué puedo hacer por Usted? -
- He venido a brindarte un consejo. - dijo con mucha seriedad y severidad en el rostro. - Cuando esta gente te ofrezca las dos monedas, en lugar de escoger la que vale menos, escoge la de mayor valor. Así, lograrás dos cosas: Tendrás más dinero qué llevar y la gente dejará de considerarte por idiota y no se burlaran de ti.

- Usted, mi señor, es muy lógico y parece tener razón. - dijo Davor después de pensarlo un poco. - Sin embargo, si fuera la moneda de mayor valor, la que yo eligiera, seguramente la gente dejará de ofrecerme dinero para probar que soy más idiota que ellos. ¡No se imagina, mi señor, la cantidad de dinero que llevo ganando usando ese truco! Si me lo permite, creo que no hay nada malo en hacerse pasar por tonto si en realidad, lo que se está siendo, es ser inteligente.

Y así, mi palabra, fue rodando como piedra en torrente. He narrado para la memoria de la buena gente.

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