La Voz de Ica

25.Nov.2017

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Un sueño llamado Libertad

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"Tu realidad está aquí, dentro de estos muros. No hay más libertad que ésta"
La doncella miraba la plateada Luna a través de su ventana. Suspiró. Cuánto le gustaría conocer el bosque, el campo y el pueblo, pero no, su padre, hombre celoso, jamás se lo permitió: "Hijita, aquí tienes todo lo que necesitas. Afuera no hay nada que ver, es peligroso." Y le dejaba un beso en la frente y ella se quedaba con las ganas de poder decirle "Ya no soy una niña. Mírame, he crecido". La impotencia de vivir bajo su sombra y tener una vida dentro de los muros, la consumía como una flama ardiente.

Las horas nocturnas pasaban y el sueño la envolvía en su manto, cuando repentinamente vio una sombra aparecer en su balcón. Contuvo el aliento, hasta que la luz de una lámpara le descubrió: se trataba de un muchacho más o menos de su edad, muy bien parecido y finos cabellos plateados.

- ¡Vamos! - le dijo entre susurros con una inmaculada sonrisa.
- ¿Quién eres? - preguntó la princesa con nerviosismo.
- Soy el hijo de la Luna. Mi nombre es Albus. - le tendió la mano.
- ¿A dónde me llevas? - intentó controlar sus emociones mientras le tomaba la mano.
- Esta noche seré tu acompañante y guía. Ven y te enseñaré bajo la luz de la Luna, las maravillas que te rodean.-

No tuvo que decir más, para convencerla y tomados de la mano salieron por la ventana volando por los aires, por sobre el bosque, el campo y el pueblo y todo cuanto ingresó por sus pupilas se tradujo en una gran felicidad. Todo era tal como lo había imaginado y mejor. Se elevaron y volaron por sobre las nubes y una mágica Luna los bendijo con su luz.

A la mañana siguiente, la princesa dudaba, si había sido verdad o parte de un sueño. De cualquier forma, se sintió feliz y corrió donde su padre para contarle, pero éste, al escuchar la historia, le dijo:
- ¡Definitivamente fue un sueño! - exclamó. - En cambio, los guardias me contaron que a tu alcoba llegó una garza blanca. Seguramente perturbó tu sueño. -

Aquella noche, cuando todos estaban durmiendo, nuevamente, Albus llegó para llevarla a un nuevo paseo nocturno. Sin embargo, antes, tenía que salir de dudas y le preguntó:
- ¿Esto es un sueño? -
- Es tan real como la vida misma. - le respondió mirándola con sus profundos ojos azules. - Mañana en la noche te traeré un presente y verás que tan cierto es.-

Esa mañana, cuando abrió los ojos, estaba completamente segura que no había soñado, entonces corrió donde su padre y éste le dijo: "Tu realidad está aquí, dentro de estos muros. No hay más libertad que ésta. Esa garza debe estar alterándote el sueño".

Esa noche, al verle llegar, sintió que el corazón le repiqueteaba de felicidad. Salieron a volar como ya era costumbre y a la luz de la Luna, Albus le entregó una hermosa flor roja, declarándole su amor. "Sí", aceptó y ambos sellaron su amor con un beso.

Al día siguiente, el rey fue a la alcoba de su hija, quería contarle que los guardias habían matado a la garza y que nada volvería a perturbar su sueño. Al ingresar, palideció al verla tendida sobre su cama impávida, con una hermosa flor entre sus manos y una flecha en su pecho. El rey horrorizado, rápidamente se le acercó, pero la princesa le miró tiernamente y con su último aliento le dijo: - Padre, qué hermoso sueño es la libertad. - y cerró los ojos. Y así, mi palabra, fue rodando como piedra en torrente. He narrado para la memoria de la buena gente.

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