La Voz de Ica

20.Jun.2018

Ultima actualizacion07:27:20 PM GMT

Merecemos Mejores Alcaldes

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La historia ciudadana de los últimos 30 años nos da una pauta sobre la calidad de nuestros gobernantes locales. Casi el 90% de éstos ha tenido que pasar por los tribunales para probar inocencias en la gestión que el pueblo les encargara, pero más de uno ha sido huésped obligado de nuestro único centro penitenciario.

Ser Alcalde de una ciudad trae muchos problemas, especialmente legales por una norma edil que exige transparencia en el manejo de la cosa pública. Pero extrañamente cada vez más aparecen candidatos para “sacrificarse” para dar solución a problemas y reclamos permanentes que al termino de sus mandatos siguen igual o peor que antes, sin dar las soluciones que prometieron (basura, relleno sanitario, agua y desagüe, comercio ambulatorio, corrupción institucional, etc.). Pero la pregunta del ciudadano común sigue sin ser respondida ¿Por qué tantos alcaldes terminan enjuiciados o presos? La respuesta tal vez la encontremos mirando en retrospectiva la historia de nuestra ciudad, 40 ó 50 años atrás, con legislación distinta donde los cargos de los Alcaldes y Concejales (después cambió a regidores) eran ad honoren, sin cobrar un sol por sus servicios y por el tiempo para administrar una ciudad y sus problemas.

La dificultad -y los juicios y prisiones- empiezan cuando cambia la ley y se asignan sueldos, salarios y dietas, así como presupuestos (dineros) para que sean administrados localmente. Se pierde el sentido solidario y de mancomunidad y el “poderoso Don Dinero” hace perder la cabeza a más de un gobernante. Y cuando falta transparencia y limpieza en el manejo de los dineros que todos damos a través de los tributos, los problemas no tardan en aparecer, pero también las críticas, los cuestionamientos y las denuncias (que es la contraparte positiva que la ley faculta). Para la época en que vivimos, a los alcaldes ya no se les recuerda por las obras efectuadas sino por las condenas impuestas por la ley, por la opinión ciudadana que castiga con el olvido y la falta de respeto a los que hicieron un convite personal y de sus allegados su tiempo como autoridad.

Ahora se intenta torpemente insistir en inocencias que los tribunales han negado y lo peor, en regresos vergonzosos que inflarían esa historia de indecencias que afectan nuestro orgullo de vivir en estas tierras maravillosas, en la que todavía no hemos aprendido a elegir a hombres o mujeres probos para que nos gobiernen. Extrañamos las épocas pasadas para vivir con tranquilidad, como buenos vecinos.