La Voz de Ica

25.Nov.2017

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Una semana más…

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Vivir siempre será una búsqueda incesante y en ese interin personal de días trajinados y agobiantes, por trabajo, salud o dinero siempre escaso, o desesperas o te haces fuerte, no queda otra, soy como muchos cuando decimos, soy católico no practicante. Acudía a la Iglesia solo algunas veces o por compromisos sociales.

Pasó el tiempo y recién me di cuenta que solo había un lugar donde yo encontraba ese reposo, ese poder soltar mis hombros y encorvar mi espalda, decir acá estoy. Como todos, soy débil y me equivoco, mas en la iglesia sentía en mi corazón ese regazo tibio donde dejar mis penas, ese querer contar mis alegrías y siempre había en la homilía, un mensaje que era lo que estaba buscando, como si fuera solo para mí… la gran transformación ocurría, en solo una hora.

A veces escuchamos a otros, escalamos la vida, tirando la cuerda sin desmayo, de ello depende que todo no se derrumbe…¿y de donde nos sale la fuerza?… la visita a misa cada domingo era como visitar a mis padres, a quienes ya no los tengo y contarles, pedirles consejo, alegrarme por lo bueno, compartirlo. Llegada la hora de la gran cena que me ofrecían, ¡cómo no iba a aceptar!, si ese manjar lo habían hecho con tanto amor para mí y mis hermanos. Comencé a descargar mi alma y a aceptarlo. A veces más dulce, a veces más intenso en sabor de vida, ese era mi estado de ánimo, y así al final de la visita dominical, empecé a pedir "Dame fuerzas Señor… sólo una semana más".

Un domingo noté muchos hombros agobiados como los míos, descansados, buscando y llenando de energía ese cuerpo cansado de tanto trajinar. Nos pasamos la vida buscando y buscando y sin embargo la magia está tan cerca, la que nos enseña a mirar hacia adentro y encontrar ese gozo espiritual que se conoce solo cuando comprendemos que todos somos hermanos y la tarea que más cuesta aprender es la de la humildad, la receta de la auténtica felicidad, la del equilibrio.

Aprendí a llorar aquello que bien valía la pena llorar bien llorado, no más de 2 días, suficiente…luego a respirar y retomar energía, el cristal ya estará limpio y dejará pasar la luz del día…

Si no existiera la tristeza no sabríamos qué es la felicidad y si no existieran las lágrimas no podríamos lavar las heridas del alma. Eso, señores, no lo puede hacer ni lo hará nunca la tecnología más avanzada: Eso es divino.

La receta funcionó a la perfección... esa búsqueda dio resultado. Una semana más.

Marina Guzmán, Lima, Julio de 2012

¡Si no eres parte de la solución… eres parte del problema!